opinión

Reacciona y Actúa: Un nuevo contrato social

Aprecio en gran parte de la sociedad, y más acusadamente en el segmento joven, una profunda actitud de distancia hacia la política, la sienten como algo que no va con ellos, como un mal necesario en el que no quieren tomar partido. La razonable indignación que sienten los ciudadanos tiene que ver con sus expectativas, sienten que no han sido satisfechas. Y lo peor, no tienen la esperanza de que puedan satisfacerse en el futuro.

La Constitución española de 1978 permitió a toda una generación diseñar un modelo de país diferente tras demasiados años de sueños y esperanzas baldías. La democracia había llegado a España, la Constitución era la piedra de toque, los cimientos sólidos sobre los que construir un país moderno, libre, en el que empezábamos a tener derechos y libertades tanto personales como colectivos.

Este modelo, con el que hemos vivido cuarenta años, es un modelo que para muchos hombres y mujeres ya no es útil y no lo sienten como propio, no solo porque no hayamos votado la Constitución en el momento en el que se produjo sino porque muchas de las expectativas que teníamos como sociedad no se han visto satisfechas. Desde mi punto de vista no se debe tanto al contenido concreto de la Constitución sino a la incapacidad de las diferentes fuerzas políticas para desarrollar un marco social, económico y político capaz de satisfacer los derechos y las libertades de la mayoría social. No se han blindado derechos fundamentales como el derecho a la vivienda, un lujo para una importante porción de la sociedad, ni el de igualdad, en los términos que para muchos y muchas era necesario en estos, insisto, cuarenta años.

Planteamos que es el momento de poner sobre la mesa un nuevo contrato social.

Es el momento de acordar un compromiso colectivo, de hombres y mujeres, un contrato social en el que podamos decir qué es lo que queremos para esta sociedad del siglo XXI. Desde Actúa, nosotros creemos que ese contrato social se debe basar en cuatro ejes fundamentales: trabajo decente, servicios públicos de calidad, refuerzo de la democracia y defensa medioambiental.

El primero de los ejes de este compromiso colectivo pasa por asegurar unas buenas condiciones de trabajo, porque no es posible modelar una sociedad mejor si no tenemos un trabajo decente que nos permita vivir con dignidad, con un salario digno. La contrarreforma laboral del Partido Popular nos ha hecho retroceder más de veinte años,  ha hecho que las condiciones de trabajo hoy sean peores que las de los años ochenta y peores desde luego a las del Estatuto de Trabajadores de 1985. Conseguir un trabajo decente implica no solo hablar de condiciones laborales, de horarios y salarios, es también hablar de las nuevas concepciones laborales y de cómo conciliar el trabajo con la familia y con necesidades de ocio. Es el momento de hablar de modelos laborales en una realidad cada vez más compleja, con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral y con la inclusión de mecanismos tecnológicos innovadores. Es momento de establecer un nuevo modelo social aplicado al trabajo que permita además y, sobre todo, las conciliaciones familiares compartidas.

Además de este trabajo decente, es imprescindible potenciar unos servicios públicos de calidad. En los últimos años, y con la disculpa de la crisis, los servicios públicos se han deteriorado de forma lamentable. Es un hecho que sin servicios públicos de calidad que sean capaces de redistribuir riqueza y que sean también capaces de generar cohesión social no es posible crear un marco de convivencia del que todos nos sintamos parte. Es imprescindible que la educación de un país sirva para igualar oportunidades. Tenemos que ser conscientes de que con el actual modelo educativo estamos dejando en la cuneta mucho talento joven, muchas posibilidades y capacidad de nuestros niños y niñas, los estamos tratando como mercancía, no como ciudadanos y ciudadanas.  Es imprescindible tener una sanidad pública que nos garantice un bien como salud más allá de nuestra renta, que lo haga en términos de calidad. Tenemos una sanidad muy bien estructurada, con una economía de escala envidiada en el mundo y sin embargo estamos haciendo todo lo posible por destruirla. Es imprescindible que hagamos de la defensa de la sanidad pública un tema de estado. Esa sanidad nos iguala, nos cohesiona y nos permite abordar el futuro con seguridad. Tener una educación decente, una sanidad decente nos ayuda a construir nuestra vida desde la igualdad, nos ayuda a que el ascensor social que dan los servicios públicos sea una realidad y por tanto nos ayuda a disminuir la brecha de desigualdad.

En tercer lugar, necesitamos una democracia fuerte, un país en el que se desarrollen los derechos y libertades, un país radicalmente democrático. Para ello es imprescindible establecer mecanismos contra la corrupción, mecanismos de participación social que hagan que nos permita responsabilizarnos del modelo social en el que vivimos.

Finalmente, no se puede hablar de un modelo social del siglo XXI si no abordamos el tema medioambiental en un sentido amplio. Para lograr un desarrollo económico y social transversal es necesario contemplar la necesidad de preservar nuestros espacios naturales y de hacer políticas de carácter medioambiental que permitan perpetuar el planeta.

Por supuesto, no me olvido, todas estas necesidades deben entenderse desde un prisma de igualdad de genero.

Creemos que una sociedad igualitaria es una sociedad mejor porque permite que todos y todas desarrollemos nuestros derechos y libertades en plenitud, permite que todos y todas contribuyamos al bienestar colectivo con nuestro talento y con nuestras posibilidades.

Este nuevo contrato social debería ser el marco en el que abordar este recién estrenado siglo XXI, porque son las bases para crear una sociedad compartida entre hombres y mujeres, entre los que creen que se puede convivir desde la cooperación, desde la colaboración y que creen firmemente que la redistribución de la riqueza y la dignidad de todos es el objetivo final de un sociedad decente.

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